Ilio Collio
El libro de los monstruos, 1978.
El asistente social Ilio Collio se encuentra enormemente impedido en el ejercicio de sus funciones de asistente social porque de las tetillas le sale una especie de aceite espeso, como de máquina, que normalmente le corre hasta los pies, y eso lo vuelve muy escurridizo, además de ser una fuente inagotable de manchas grasientas de las más desagradables e incluso peligrosas, ya que pueden prenderse fuego con relativa facilidad. Su cuerpo es tan resbaladizo que ya casi no puede caminar y cada vez que levanta un pie termina tendido a lo largo del pavimento, y así, boca abajo, se esfuerza por desplazarse aunque solo sea con las manos, pero todo a lo que se aferra se le resbala, y a duras penas consigue arrastrarse con los codos algunos metros más. Su trabajo es resolver los problemas tanto de los individuos como de las familias, dar consejos, ofrecer consuelo, explicar, remediar, alentar; pero ¿cómo se hace para ofrecer consuelo, etcétera, en esas condiciones de deslizamiento permanente? Ha intentado caminar con gruesas botas de goma, pero es lo mismo, el aceite de las tetillas rebasa de las botas y volvemos al punto de partida; también ha probado, inútilmente, un tipo de corpiño impermeable para adolescentes. A pesar de ello debe -es su obligación- ayudar al prójimo. Apenas se cierra la puerta de un departamento, entre sus paredes comienzan a fermentar los problemas personales como una horda de perros y de gatos encerrados juntos; desde la calle se oyen los gritos, los llamados desesperados, los alaridos de las víctimas indefensas aplastadas por la aplanadora de una vida demasiado compleja para sus modestos intelectos. Y en el vestíbulo de la planta baja, Ilio Collio, reclamado desde lejos por sus virtudes asistenciales, tendido en el piso en medio del charco de aceite de sus inagotables tetillas, busca en vano abrirse paso con ligeras contracciones del abdomen, como hacen los gusanos: “¡Ya voy, ya voy!” se lo oye gritar, y cuando por fin llega a la escalera, resbala en los primeros peldaños y cae de nuevo hacia atrás; ya ensució todo el vestíbulo sin haber ayudado a nadie. Pobre Ilio Collio, se ha impuesto una tarea imposible.
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Rodolfo Wilcock
Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978) fue un poeta, dramaturgo y escritor argentino que escribió en español y en italiano. Fue uno de los más destacados escritores de la llamada “generación del 40”, que reunió a un grupo de autores notables que produjeron por esos años sobre una línea neorromántica, que más tarde incorporaría elementos de la literatura surrealista.
El grupo difundía su obra a través de revistas literarias, entre otras Sur, en la que Wilcock colaboró y Verde Memoria, de la que fue director; en ellas publicaba poemas inconformistas e innovadores que oscilan entre la melancolía y el sarcasmo.
Entre 1949/53 editó los libros Poemas y canciones, Ensayos de poesía lírica, Persecución de las musas menores, Paseo sentimental, Los hermosos días y Sexto. Con poco más de 30 años, recibió el Premio de Poesía de la Sociedad Argentina de Escritores.
Lingüista y filólogo, dominaba varios idiomas, aptitud que le valió un contrato en Roma (1953) para traducir la versión en castellano de L’Osservatore Romano. Radicado definitivamente en Italia, allí dio a conocer gran parte de su obra, llena de crueldad y humor infrecuentes.
Il caos (1961), La sinagoga de los iconoclastas (1972), El templo etrusco (1973), de reminiscencia kafkiana pero que deviene en humor y Libro de los monstruos (1978), además de los libros de poesía Luoghi comuni (1961), Poesías españolas (1963) y Cancionero Italiano: 34 poesías de amor (1974), El estereoscopio de los solitarios y Hechos inquietantes, son parte de su producción.
Ubicado en la primera línea de los intelectuales italianos, cultivó la amistad de figuras tales como Alberto Moravia y Pier Paolo Pasolini y hasta llegó a actuar en la película de este último, El Evangelio según San Mateo, en el papel de Caifás.
Durante un breve regreso a la Argentina, compuso con Silvina Ocampo la pieza de teatro Los traidores (1956). También cultivó la amistad de Borges y Bioy Casares.
Su profesión de ingeniero, ejercida en la provincia argentina de Mendoza y luego abandonada, inspiró su novela L’ingegnere (1975), escrita originalmente en italiano.
Los últimos años de vida, vivió en una casa humilde y aislada en Lubiano di Bagno Regio, provincia de Viterbo, 65 km al noroeste de Roma, donde permaneció solitario hasta su muerte en 1978. En 1980 se hizo una edición póstuma de sus Poesías.
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