Gelman desde el exilio
Bajo la lluvia ajena
(Notas al pie de una derrota)
[Roma, 1980]
I
Es difícil reconstruir lo que pasó, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se amontonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, algunos parecen alimentarse así.
En la colonia exiliar argentina predomina la apatía política y de otro tipo. Se trabaja o no, se estudia o no, se aprende el idioma del país en que se está o no, se reconstruye la vida o no. Las mujeres pasan como ríos, se las quiere o no, se las conserva o no.
La necesidad de autodestruirse y la necesidad de sobrevivir pelean entre sí como dos hermanos vueltos locos. Guardamos la ropita en el ropero, pero no hemos deshecho las valijas del alma. Pasa el tiempo y la manera de negar el destino es negar el país donde se está, negar a su gente, su idioma, rechazarlos como testigos concretos de una mutilación: la tierra nuestra está lejana, qué saben estos gringos de sus voces, sus pájaros, sus duelos, sus tormentas.
Son muy distintos a nosotros. No se preocupan verdaderamente de nosotros. No sufren la injusticia que nos pasó a nosotros. Los más solidarios tienen como vergüenza por nosotros. Es un problema de ellos, pero nos afecta a nosotros. Como si el diálogo entre extranjeros sobre algo aparentemente comprensible —el dolor de los unos— viniera envuelto por parte de los otros en pudores, candores, paternalismos, usos.
No nos vamos a poner de acuerdo nunca. Y seremos muchas veces injustos, tomando la humildad por soberbia, la reserva por falta de compromiso, la voluntad de no herir por la voluntad de no saber.
Así estamos de enfermos. Buscaremos compromisos con el Museo del Prado, con Santa María Maggiore, la Place de la Contre-scarpe, el Paseo de la Reforma, las escaleras mecánicas de Caracas, el Hyde Park de Londres. Son compromisos de idiota y duran una idiotez. La maravilla pasa, el dolor queda. Como el fuego del alma, queda.
Queda.
¿Acaso el cielo no es el mismo? El cielo no es el mismo. ¿Dónde estará la Cruz del Sur sino en el sur? ¿No es el mismo sol? No: ¿acaso ilumina a Buenos Aires? Lo hace horas después, cuando yo ya no estoy. Color de cielo otro, lluvia ajena, luz que mi infancia no conoce.
Las voces del rocío se parecen a las voces del rocío. Una pequeña lengua lame y las diferencia, las distancia. Mi rocío del sur o cabellera o cristalina madrugada sobre los pechos del combate. No rocía lo mismo sobre el Mercado Común Europeo, el más común de los mercados.
Todos los hombres son humanos y lo que cabe en mí debería caber en los demás. Y viceversa, porque todos los hombres son humanos. Quepámonos, humanos. Que quepa en mí el extraño mundo alrededor, sus egoísmos justificados, su decencia a parquímetro, su honradez de consumo, su fino individualismo brutal, su amor triste, la suciedad de sus higienes. Apenas tengo de ofrecerle los rayos de luz que iluminaban el combate por la dicha, las generosidades de la muerte, es decir, de la vida, los estallidos de la dicha, esta derrota por ahora.
Revolvamos la tierra con las manitas juntas. A lo mejor crece una planta de dos rostros, que necesita agua de los dos, y mira dos distancias a partir de la misma soledad. Así estaremos juntos, verdaderamente.
II
Lo que podemos aprender en el exilio no está dado a nosotros, está dado a sí mismo, y ensimismado, vuelto hacia sí, enroscado alrededor de sí, hundido en sí, que no es nosotros. ¿Podemos aprender de eso? Sí, podemos, pero ¿qué? Pasan rostros que giran de nuca, eso podemos ver. Podemos imaginar, soñar, intuir. En la medida en que imaginamos, soñamos, intuimos. Esas culturas no se dan abiertas. ¿Vale la pena hacer un gran esfuerzo, abrirlas, violentarlas, si es preciso? ¿Encontraremos algo más que la confirmación de lo que nos hicieron hace siglos, lo que nos vienen haciendo de hace siglos? ¿Tenemos tiempo para eso?
¿Y el tiempo que necesitan nuestros muertos, nuestros vivos?
Pero tenemos tiempo, el tiempo de no volvernos locos, de no volvernos otros. De abrir los campos de la locura a esas nucas que locamente no nos ven, se apoyan en nosotros para mirar sus seres, no necesitan de nosotros, miran eternamente sus espejos, persiguiéndose oscuras, de espaldas a ellas mismas. Recurren a nosotros cuando están tan perdidas que necesitan callos, piedras, alguna consistencia para seguir girando. Tienen la voluntad del aire, el péndulo del aire, hoy aquí, mañana aquí también. El aire les es corto.
Nosotros arrastramos los pies en ríos de sangre seca, almas que se pegaron a la tierra por amor, no queremos otros mundos que el de la libertad y esa palabra no la palabreamos porque sabemos hace mucha muerte que se habla enamorado y no del amor, se habla claro, no de la claridad, se habla libre, no de la libertad.
III
Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.
¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?
No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.
Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.
IV
Estoy desterrado de vos. Mis pies pisan otras tierras, y la cosa es que viva yo en otras tierras sin mentirme, sin mentir. Plantitas delicadas pueden sobrevivir. El aire amigo —aunque no entiende nada de nada— podrá abrigarlas, darles luz. Respirarán, plantitas.
Yo iré a verlas de noche, escucharé su respirar, miradas que me miran fijamente, fuegos que queman la madera de vos, tierra que arde en cada mundo, derramada de vos, dura, solísima.
V
de los deberes del exilio:
no olvidar el exilio/
combatir a la lengua que combate al exilio
no olvidar el exilio/o sea la tierra/
o sea la patria o lechita o pañuelo
donde vibrábamos/donde niñábamos/
no olvidar las razones del exilio/
la dictadura militar/los errores
que cometimos por vos/contra vos/
tierra de la que somos y nos eras
a nuestros pies/como alba tendida/
y vos/corazoncito que mirás
cualquier mañana como olvido/
no te olvides de olvidar olvidarte
VI
Del espesor de la experiencia. Hay discursos que rozan determinado espesor, parecen expresarlo, pero un despegue, una distancia, una nota no falsa pero distraída los distingue. La ajenidad de esos discursos —cualquiera sea su universal aceptación— certifica de nuevo esta perra soledad.
¿Será la soledad, que no tiene discursos? ¿Perra que ladra a la luna, sorda de su derrota, satélite o muertita?
¿En qué lengua podría hablar la soledad? El que perdió sus hijos, su másvida, ¿qué piedras escupiera por la boca? ¿Y quién las iba a recoger como señal de amor, o a entender, aceptar, recibir, aunque sea sentir en la ventana?
La soledad de la palabra. La lluvia barre los países del alma. Una palabra va por el camino, aterida, temblando, no sabe adónde. Sólo sabe de dónde: tanta sangre camina ahora bajo la lluvia nueva, limpia, fresca, ignorante.
VII
¿Hasta dónde este exilio exterior coincide con otro más profundo, interior, anterior? ¿Hasta dónde los idiomas extraños, la ajenidad de rostros, voces, modos, maneras, encarnan los fantasmas que asediaron mi propia juventud? Rostros confusos semiborrados por la madrugada que no podía dormir, idiomas extrañísimos oídos al pie del mundo que faltaba, en sábanas de sueño tendidas por la noche.
Todo eso puede ser. Pero ninguna lengua oscura entonces me decía sepá, nienteafato, ferboten, nius, antunche. Eran idiomas de no estar, temblaban como recién nacidos, leyes de fierro no marcaban sus pliegues, podían volar, inesperados.
No.
Ese otro exilio nada tiene que ver.
A lo mejor era el exilio del futuro.
Era el exilio del duro presente.
Aquí, además, nos hacen tajos el pasado.
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Juan Gelman
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930-México DF, 2014) es uno de los poetas fundamentales de la literatura argentina. Nació en el barrio de Villa Crespo, fue el tercer hijo de un matrimonio de inmigrantes judíos ucranianos. Su padre, José Gelman, había participado de la revolución rusa de 1905. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, e inició estudios universitarios de química, que abandonó para dedicarse a la poesía. En 1954 trabajó como redactor en Nuestra Palabra, en el diario comunista La Hora y como corresponsal de la agencia china Xin Hua. Integró el grupo de jóvenes que se reunían en torno de la revista Muchachos.
Su primera obra publicada, Violín y otras cuestiones —prologada entusiastamente por el gran Raúl González Tuñon— recibió inmediatamente el elogio de la crítica.
Forzado al exilio, residió en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México. En este periodo alternó su actividad política contra la dictadura militar con trabajos de traducción para la Unesco. En junio de 1988 regresó a la Argentina tras trece años de proscripción y persecución judicial.
En el año 2000, después de una tenaz búsqueda, encontró e identificó a su nieta a la que nunca conoció tras la desaparición y asesinato de su hijo y su nuera.
En las últimas décadas vivió en el Distrito Federal, México, y escribía una columna semanal en el diario argentino Página 12. Fue un firme apoyo de los movimientos de protesta, como el 15-M de España o el 132 en México.
Considerado por muchos como uno de los más grandes poetas contemporáneos, su obra delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del "realismo crítico" y el intimismo, primeramente, y luego con la apertura hacia otras modalidades, la singularidad de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo.
Obra:
Poesía:- Violín y otras cuestiones (1956)
- El juego en que andamos (1959)
- Velorio del solo (1961)
- Gotán (1962)
- Cólera buey (1964)
- Traducciones III. Los poemas de Sydney West (1969)
- Fábulas (1971)
- Relaciones (1973)
- Hechos y relaciones (1980)
- Si dulcemente (1980)
- Citas y Comentarios (1982)
- Hacia el Sur (1982)
- Com/posiciones (1986)
- Interrupciones I (1986)
- Interrupciones II (1988)
- Anunciaciones (1988)
- Carta a mi madre (1989)
- Salarios del impío (1993)
- Dibaxu (1994)
- Incompletamente (1997)
- Valer la pena (2001)
- País que fue será (2004)
- Mundar (2007)
- De atrásalante en su porfía (2009)
- Bajo la lluvia ajena (2009)
- El emperrado corazón amora (2011)
- Hoy (2013)
Antologías poéticas:
- Poemas, 1960.
- Obra poética, 1975.
- Poesía, 1985.
- Antología poética, 1993
- Antología personal, 1993.
- En abierta oscuridad, 1993.
- Antología poética, 1994.
- De palabra (1971-1987) 1994
- Oficio Ardiente, 2005
- Poesía reunida, 2012
Prosa:
- Prosa de prensa, 1997
- Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos, 1997
- Nueva prosa de prensa, 1999
- Afganistan/Iraq: el imperio empantanado, 2001
- Miradas, 2005
- Escritos urgentes, 2009
- Escritos urgentes II, 2010
- El ciempiés y la araña, 2011
Premios- Premio Internacional Mondello de Poesía, 1980
- Premio Boris Vian, 1986
- Premio de Poesía Boris Vian (Argentina), 1987
- Premio Juan Bautista Alberdi (Argentina), 1992
- Premio Konex. Diploma al mérito: Poesía (Argentina), 1996
- Premio Nacional de Poesía (Argentina), 1997
- Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, 2000
- Homenaje en la Sala Ponce de Bellas Artes de México con motivo de sus 70 años de existencia, 2000
- Huesped Ilustre de Montevideo, 2000
- Doctor honoris causa (Universidad Nacional de San Martín, Argentina), 2001
- Premio Rodolfo Walsh a la labor periodística en el año (Argentina), 2001
- Premio de Poesía José Lezama Lima de la Casa de las Américas Cubana,Pesar todo, 2003
- Premio Lerici Pea (Italia), 2003
- Premio Konex de Platino – Poesía: Quinquenio 1994 – 1998 (Argentina), 2004
- Premio a la mejor obra de creación literaria (Argentina), País que fue será, 2004
- Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila, 2004
- Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, 2004
- Premio de la Feria del Libro de Buenos Aires, País que fue será, 2005
- Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, 2005
- Premio de Poesía Pablo Neruda, 2005
- Premio Internacional Nicolás Guillén, a su trayectoria literaria (Italia-Cuba), 2005
- Embajador Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, 2006
- Medalla Isidro Fabela de la UNAM, 2006
- Premio Internacional de Poesía Civil (Ciudad de Vercelli), 2006
- Ciudadano de Honor de Cartagena de Indias, 2007
- Premio Miguel de Cervantes (España), 2007
- Premio Antílope Tibetano (Asociación de Poetas Chinos), 2009
- Premio Escritor Gallego Universal (España), 2010
- Premio al Mérito Cultural “Carlos Monsiváis”, (México), 2011
- Premio Poetas del Mundo Latino “Víctor Sandoval”, (México), 2011
- Premio Leteo (León, España), 2012
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