El muro
Fragmento de El muro, Punto de Encuentro, 2026.
Le pareció que tenía algo de oriental, algo, no supo qué. Tenía un trapo blanco ensangrentado en la cabeza y le salían los pelos negros por arriba. En lo primero que reparó fue en eso. Después se dio cuenta de que le faltaba un ojo, o que estaba oculto tras una costra de sangre a medio coagular. El otro ojo parecía hundido, tenía una pupila pequeña y la esclerótica completamente roja. Pero lo que más la sorprendió fue que no se movía, una mirada inmóvil hacia un lugar indefinido. Una inmensa cicatriz cruzaba su mejilla izquierda y de la boca parecía haber brotado sangre.
Gritó. Un alarido que cortó el aire de la tarde.
Cuando el oriental escuchó su aullido giró la cabeza como en cámara lenta hasta detener en ella su pequeña pupila de gato. Volvió a gritar. Por un momento temió que el corazón le estallase. Después levantó a su hija y se echó a correr por Juncal hacia Libertador.
Un hombre dijo algo que ella no entendió, ciertamente no era momento de palabras sino de correr. Correr lo más rápido que fuera capaz. Vio a una persona que levantaba los brazos y a una mujer que movía las manos como diciendo no. Se preguntó no qué. O a quién, a ella o al oriental. Antes de llegar a la esquina, antes de ver la Torre de los Ingleses y las palomas en la plaza, tropezó con otro: los cabellos lacios le caían de la cabeza casi calva hasta los hombros, la frente ancha, la piel de un horrible verde grisáceo. Sus pupilas eran enormes y marrones, del rostro arrugado sobresalía una boca con el lado izquierdo del labio inferior transformado en una protuberancia deforme que caía oscura y gangrenada. Aun así, ensayaba una sonrisa boba.
Las piernas dejaron de sostenerla, para todo hay un límite. No perdió el conocimiento porque estaba con su hija, pero cayó al piso y su pómulo derecho dio malamente contra el embaldosado; entonces la abrazó para protegerla de lo imposible. Quedó de rodillas. La frente en el piso, arqueada para contener el cuerpito de la pequeña, la retenía con todas sus fuerzas cuando escuchó su vocecita que le decía:
—Es de mentira, mami —la miró—. Es de mentira, mamita —repitió la niña.
Tres o cuatro personas se acercaron para auxiliarla, escuchó detrás una acalorada discusión. Que eran unos idiotas, gritaba una señora; y una voz masculina que dejaran de asustar a la gente. Alguien juraba que le dijo, pero que ella no escuchó y que había salido disparada. Y que disculpase, por favor señora disculpe, que no queríamos asustarla ni a usted ni a la niña.
Se levantó con esfuerzo.
Al primero que vio fue a un muchachito que no pasaba los quince años, tenía la cabeza atravesada por una cuchilla de carnicero.
—Es el Zombie Walk de este año —le dijo.
Marcha de Zombis.
A la señora le costó varios minutos entender que lo que había visto era un espejismo, una ilusión inaudita. Si la señora hubiera estado donde estuvo dos horas después, cuando la marcha se puso en movimiento —con su andar pendular y precario, por cierto—, cuando los muertos vivos se podían contar por miles, no se hubiera horrorizado, porque una multitud de zombis es una escenografía, pero un zombi, uno solo, con un trapo blanco ensangrentado en la cabeza, un ojo oculto tras una costra de sangre, la pupila pequeña de gato rodeada por una esclerótica roja, uno solo, horroriza.
La marcha subió por Libertador y volvió por Arroyo hasta encontrarse nuevamente en Juncal. Algo queda en la atmósfera cuando miles de conciencias trabajan algo, cualquier cosa, pero intensamente. Quedan residuos, porque nada sucede sin sus consecuencias. Cuatro horas de sangre, ampollas y putrefacción ficticias, en las que el horror fue exorcizado por el asco, dejan partículas de imágenes en el aire. Dicho de otra manera: los residuos impregnan la atmósfera de extrañeza, esa incapacidad de reconocer lo ordinario como tal.
Hay una razón, una única razón por la cual el cuerpo quedó allí tirado, a un metro de la alcantarilla, hasta bien entrada la mañana siguiente: la línea que dividía lo real de lo irreal se había hecho difusa, borroneada para la conciencia de los transeúntes. Como una resaca.
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Daniel Sorín
Daniel Sorín (Buenos Aires, Argentina, 1951) tiene una larga trayectoria literaria. En 1998 ganó el Premio Emecé de Novela con Error de cálculo y el Tercer Premio Municipal (bienio 2012-2013) por La última carta. Ha editado publicaciones de arte y literatura en la red: Alt164, Letrópolis, Abanico y La púrpura de Tiro. Es narrador, docente, editor y ensayista.
Obra:
Novela:- Error de cálculo (Premio Emecé de Novela 1998. Emecé, 1998 - ebook: Al Fondo a la Derecha, 2019)
- El dandy argentino (Grupo Editorial Norma, 2000)
- Palabras escandalosas (Sudamericana, 2003)
- Palacios (Sudamericana, 2004)
- Velas para Gilda (Editorial La Bohemia, 2007)
- El hombre que engañó a Perón (Sudamericana, 2008)
- El cerco (Del Nuevo Extremo, 2012 - ebook: Al Fondo a la Derecha, 2019)
- La última carta (Tercer Premio Municipal —bienio 2012-2013—. Edhasa, 2013 – Al Fondo a la Derecha, 2019)
- Tres segundos es una eternidad (Vestales, 2016)
- Plan Patagonia (Al Fondo a la Derecha, 2020)
- El muro (Punto de encuentro, 2026)
Ensayo:
- John William Cooke. La mano izquierda de Perón (Planeta, 2014, Al Fondo a la Derecha, 2021)
- El peronismo de las tres banderas. Apuntes sobre John William Cooke y la revista De Frente (Gogol, 2024)
- "El narrador y el archivista" (La Biblioteca Nº 1, Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2005)
- “Cuando el criminal es el Estado: asesinos en la Patagonia del siglo XIX” (Fronteras del crimen. Globalización y Literatura, Medellín, Medellín Negro-Planeta Colombia, 2015)
- "Un peronista de las tres banderas" (John William Cooke. Ecos de un pensamiento, Ediciones Universidad Nacional de General Sarmiento, 2020)
Textos en antologías:
- “Tris, el mono” (Brújula norte, cuento infantil, Buenos Aires, Macma Ediciones, 2015)
- “El regreso de Zhèng Hé” (Viajeros, Buenos Aires, Salim, 2018)
- “El Ohio” (Desencajados, Buenos Aires, La Bohemia, 2018)
- “La llamada” (Las mil y una noches peronistas, Buenos Aires, Granica, 2019)
- “La mujer desnuda” (Palabras para la Poderosa 1, Al Fondo a la Derecha, 2020)
- “Una bolsa de residuos negra” (Juramento negro, Madrid, Grupo Tierra Trivium, 2021 - Buenos Aires, Gogol, 2021)
- “El profesor” (Juramento erótico, Buenos Aires, Gogol, 2022 – El origen del mundo, Madrid, Grupo Tierra Trivium, 2022)
- “Una duda razonable” (M.M., Vencejo ediciones, Madrid, 2023)
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