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Año 4 #36 Octubre 2017

Hija del viento

Alejandra Pizarnik es una de las voces más representativas de la generación del 60. Su poesía, que roza el surrealismo, marcó a las posteriores generaciones poéticas del país. Pizarnik trabajó las tradiciones romántica, simbolista y surrealista, poniendo en escena lo desgarrador del silencio creativo.


  

Hija del viento

 

Han venido 
invaden la sangre, 
huelen a plumas, 
la carencia, 
a llanto. 
Pero tú alimentas al miedo 
y a la soledad 
como a dos animales pequeños 
perdidos en el desierto. 

Han venido 
a incendiar la edad del sueño. 
Un adiós es tu vida. 
pero tú te abrazas 
como la serpiente loca de movimiento 
que sólo se halla a sí misma. 

Porque no hay nadie. 
Tú lloras debajo de tu llanto, 
tú abres el cofre de tus deseos 
y eres más rica que la noche. 

Pero hace tanta soledad 
que las palabras se suicidan. 
 


EXILIO 

Esta manía de saberme ángel, 
sin edad, 
sin muerte en qué vivirme, 
sin piedad por mi nombre. 
Ni por mis huesos que lloran vagando. 

¿Y quién no tiene un amor? 
¿Y quién no goza entre amapolas? 
¿Y quién no posee un fuego, una muerte, 
un miedo, algo horrible, 
aunque fuere con plumas, 
aunque fuere con sonrisas? 

Siniestro delirio amar a una sombra. 
La sombra no muere. 
Y mi amor 
sólo abraza a lo que fluye 
como lava del infierno: 
una logia callada, 
fantasmas en dulce erección, 
sacerdotes de espuma, 
y sobre todo ángeles, 
ángeles bellos como cuchillos 
que se elevan en la noche 
y devastan la esperanza. 
 


LA NOCHE 

Poco sé de la noche 
pero la noche parece saber de mí, 
y más aún, me asiste como si me quisiera, 
me cubre la conciencia con sus estrellas. 

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte, 
tal vez la noche es nada 
y las conjeturas sobre ella nada 
y los seres que la viven nada. 
Tal vez las palabras sean lo único que existe 
en el enorme vacío de los siglos 
que nos arañan el alma con sus recuerdos. 

Pero la noche ha de conocer la miseria 
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas. 
Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas 
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros. 

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos. 
Su lágrima inmensa delira 
y grita que algo se fue para siempre. 

Alguna vez volveremos a ser. 
 


AMANTES 

una flor 
no lejos de la noche 
mi cuerpo mudo 
se abre 
a la delicada urgencia del rocío. 

 

QUIEN ALUMBRA 

Cuando me miras 
mis ojos son llaves, 
el muro tiene secretos, 
mi temor palabras, poemas. 
Sólo tú haces de mi memoria 
una viajera fascinada, 
un fuego incesante. 
 


PRIVILEGIO 

Ya perdido el nombre que me llamaba, 
su rostro rueda por mí 
como el sonido del agua en la noche, 
del agua cayendo en el agua 
y es su sonrisa la última sobreviviente, 
no mi memoria. 

El más hermoso 
en la noche de los que se van, 
oh deseado, 
es sin fin tu no volver, 
sombra tú hasta el día de los días. 

 

CONTEMPLACIÓN

Murieron las formas despavoridas y no hubo más un afuera y un adentro. Nadie estaba escuchando el lugar porque el lugar no existía. Con el propósito de escuchar están escuchando el lugar. Adentro de tu máscara relampaguea la noche. Te atraviesan con graznidos. Te martillean con pájaros negros. Colores enemigos se unen en la tragedia.

 

EL DESEO DE LA PALABRA

La noche, de nuevo la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte, un instante de éxtasis para mí, heredera de todo jardín prohibido.

Pasos y voces del lado sombrío del jardín. Risas en el interior de las paredes. No vayas a creer que no están vivos. En cualquier momento la fisura en la pared y el súbito desbandarse de las niñas que fui.

Caen niñas de papel de variados colores. ¿Hablan los colores?

¿Hablan las imágenes de papel? Solamente hablan las doradas y de ésas no hay ninguna por aquí.

Voy entre nuevos que se acercan, que se juntan. Toda la noche hasta la aurora salmodiaba: Si no vino es porque no vino. Pregunto. ¿A quién? Dice que pregunta, quiere saber a quién pregunta. Tú ya no hablas con nadie. Extranjera a muerte está muriéndose. Otro es el lenguaje de los agonizantes.

He malgastado el don de transfigurar a los prohibidos (los siento respirar adentro de las paredes). Imposible narrar mi día, mi vía. Pero contemplo absolutamente sola la desnudez de estos muros. Ninguna flor crece ni crecerá del milagro. A pan y agua toda la vida.

En la cima de la alegría he declarado acerca de una música jamás oída. ¿Y qué? Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

 

  • Alejandra Pizarnik
    Pizarnik, Alejandra

    Alejandra Pizarnik (1936-1972) fue, quizá, la más importante poeta argentina del siglo XX. Nació en Buenos Aires, en una familia de inmigrantes de Europa oriental. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y pintura con Juan Battle Planas.

    Vivió en París desde 1960 hasta 1964, donde trabajó para la revista Cuadernos y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.

    Al volver a Buenos Aires, publicó tres de sus principales volúmenes, Los trabajos y las noches, Extracción de la piedra de locura y El infierno musical, así como su trabajo en prosa La condesa sangrienta.

    En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright.

    El 25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, falleció de una sobredosis intencional de seconal.

    Obra:

    • La tierra más ajena, 1955.
    • Un signo en tu sombra, 1955
    • La última inocencia, 1956.
    • Las aventuras perdidas, 1958.
    • Árbol de Diana, 1962.
    • Los trabajos y las noches, 1965.
    • Extracción de la piedra de locura, 1968.
    • Nombres y figuras, 1969.
    • Poseídos entre lilas, 1969 (obra de teatro).
    • El infierno musical, 1971.
    • La condesa sangrienta, 1971.
    • Los pequeños cantos, 1971.
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