La más punki del avión
Los ojos de Jean-Luc van de la esfera del reloj en su muñeca a la silueta de la muchacha de pelo corto que se contonea bailando una música secreta mientras abre el portal.
Una mirada le anuncia que es su noche de suerte. La otra lo ratifica.
Apenas pasan cinco minutos de medianoche y ya están por subir al piso de la chica. Es decir que podrá estar de regreso en la urbanización antes de que los otros comiencen a preocuparse y vuelvan a insistir sobre la necesidad de ser discretos y más especialmente ahora, cuando hay tanto en juego. Aunque Jean-Luc no sabe qué es lo que hay en juego y sí que esta noche se siente juguetón.
La muchacha del pelo corto sigue bailando a un ritmo lento pero pronunciado y mueve sus caderas, que atraen los ojos de Jean-Luc aún más que su cuello.
—¿Entras, o te doy miedo? —pregunta ella sin dejar de bailar la misma canción que pidió varias veces en el pub cercano, en el que la encontró bebiendo sola, como le había anticipado Nicholas. Una canción de Tom Waitts, cree recordar.
—Entro —responde Jean-Luc remarcando su acento francés—, si tú quieres que entre...
—Quiero —dice ella sin mirarlo—. Si no, me hubiera quedado en el bar.
El sonido de la gran puerta al cerrarse detrás de ellos se amortigua en la oscuridad del recibidor. Ella frena de improviso, haciendo que sus cuerpos choquen y él la abraza por detrás mientras rodea su espalda delgada y llega a los pechos rotundos. «¿Por qué no hacerlo aquí mismo?», se pregunta Jean-Luc y ella lo mira como si adivinara sus pensamientos:
—Si quieres. Pero en mi casa tendremos más intimidad...
Ella comienza a subir las escaleras en penumbras y él está a punto de hacer un comentario sobre las gárgolas de piedra que se recortan en el primer descanso. Pero en lugar de eso pregunta:
—¿En qué planta vives?
—¿Qué día es hoy?
—Martes.
—Entonces vivo en la segunda —dice ella y comienza a subir sin dejar de mover las caderas.
—¿No me dirás que solo vives tú en este edificio?
—No te lo digo, si es lo que quieres. Jean-Luc se frota las manos.
Tiene que hacerle un buen regalo a Nicholas. Por el apoyo para entrar en el Consejo, postergando incluso su propio ingreso, y por el dato para localizar a esta muchacha sensual y que vive sola, esta muchacha por la que nadie preguntará mañana.
Ella se quita los zapatos sin dejar de subir la escalera y ese gesto resulta para Jean-Luc más excitante que los besos de hace un rato en el pub, cuando pasaron de la charla con doble sentido a la dirección obligatoria del deseo. No es muy alta pero tiene unas piernas preciosas. Sí, le hará a Nicholas un buen regalo.
«Los otros son idiotas por subestimar a Nicholas solo por ser gay», se dice. Además de las influencias necesarias, tiene una visión de futuro que los viejos no pueden comprender. Por eso, a sus espaldas, se burlan de sus modernas ideas políticas y hacen bromas sobre sus preferencias sexuales. Benditas preferencias sexuales de Nicholas, que le hacen descartar un bocado tan delicioso como la muchacha de pelo corto solo porque él prefiere a los chicos, y ofrecérselo en bandeja a Jean- Luc, que está harto de sucedáneos y de discreción.
Al abrir la puerta del segundo, la chica deja caer con un movimiento el vestido sencillo que llevaba puesto. Debajo solo hay piel y Jean-Luc siente que no podrá contenerse más.
Pero ella lo mira y vuelve a sorprenderlo. Durante las dos horas que han pasado juntos desde que la abordó en el pub que le indicó Nicholas, la chica ha oscilado de la provocación más escandalosa al pudor excitado cuando llegaron las caricias. Y ahora vuelve a hacerlo:
—Ve despacio, por favor —dice sin mirarlo a los ojos.
Quiero que dure.
Y Jean-Luc se sorprende pensando que él también.
Ella camina como una bailarina desnuda por el salón en penumbras. Está dejando que admire su cuerpo y él se dice que es un cuerpo completo, de mujer joven pero madura, un cuerpo de esos que aguantan el paso del tiempo.
—Espero que sí —responde ella con picardía y solo entonces Jean-Luc comprende que ha pensado en voz alta. Quiere decir algo que rompa ese encanto en el que casi ha olvidado el motivo que lo trajo a este piso:
—Espero que no te ofendas, pero no recuerdo tu nombre
—comenta mientras la observa encender el equipo de música y espera, con suficiencia, que de los altavoces brote la voz reseca y sabia de Tom Waits. Pero es otra voz, de mujer, una voz redonda y llena de curvas la que se derrama en la oscuridad.
—Tina Turner —dice la chica—. No yo, ella. —Y señala al aire en el que la voz gobierna y desafía—. Por más años que pasen, Tina será siempre la más punki del avión... A mí puedes llamarme Morgana.
—Un nombre curioso para una chica tan joven.
—Los nombres no importan —dice ella mientras se acerca y comienza a desnudarlo sin dejar de bailar lentamente—. Los nombres son como la ropa, cuando te los quitas, comienza la diversión.
Jean-Luc colabora y pronto están bailando desnudos, a un ritmo que no tiene que ver con la canción sino con el deseo que se acuna entre los dos y crece en cada movimiento.
—¿De verdad vives sola aquí? —insiste él más por recuperar el control que por obtener información.
Ella se separa lentamente y va en busca de bebidas mientras él no puede dejar de mirarla. Su cuerpo es mucho más bello de lo que dejaba adivinar la ropa. El culo, redondo y alto, se continúa en las piernas con una armonía que él no recordaba en otras mujeres en todos sus siglos de vida, aunque lo cierto es que en este momento no logra recordar a ninguna otra mujer. La espalda, delgada y elástica, trepa hasta el cuello que no tardará en morder, pero Jean-Luc se sorprende repitiendo que no hay ninguna prisa, que quiere disfrutar de lo que ella quiera darle. Cuando Morgana vuelve con dos botellas de cerveza, él vuelve a maravillarse de la solidez de sus pechos y sus ojos pasan rápidamente por el cuello para perderse en la mirada que sigue siendo entre tímida y audaz.
—Vosotros los franceses sois demasiado racionales —dice la chica—. Todo tenéis que programarlo y medirlo. Nunca entendí porque al sexo lo llamáis «la pequeña muerte...».
Se tumba en el sofá y él se acerca y comienza a besar su vientre. El ombligo de la muchacha tiene forma de espiral y ese detalle le parece exquisito:
—Creo que en realidad la frase no habla del sexo —comenta Jean-Luc mientras sube besando—, sino del orgasmo. Y se refiere a esa deliciosa agonía que se experimenta en ese momento, el desfallecimiento feliz en el que toda tu energía se concentra y no te importaría morir en ese preciso instante…
—¿Y por qué pequeña muerte y no gran muerte? —murmura ella gimiendo.
Jean-Luc recupera el control perdido entre sus pechos cuando llega a los hombros y se aproxima al cuello. La chica tiene razón: ¿por qué no? Abre la boca pero siente que la mano de ella, mano de dedos largos y delgados, toca su sexo y lo enciende como nunca antes. Y el concepto «antes», para Jean-Luc, abarca mucho tiempo.
—Házmelo —pide ella en un susurro—. Llévame a la pequeña muerte o a la muerte grande.
La chica no sabe qué cerca está de tener lo que pide, pero su mano guía a Jean-Luc dentro de ella y él olvida casi todo, salvo que debe agradecer, mañana, a Nicholas, el haberle hablado de esa muchacha cuyo tacto es el más cálido que ha sentido nunca. Todo ocurre con lentitud y profundidad, todo es caliente y enerva cada poro de su piel. Jean-Luc se dice que no es normal, que en los trescientos cuarenta años que lleva sobre la tierra nunca había sentido una fascinación sexual tan intensa, tan parecida a la que deben sentir los mortales cuando tienen sexo con un inmortal. No necesita de espejos inútiles para buscar en vano el reflejo de su propio rostro: sabe que en este momento exhibirá el mismo gesto de éxtasis que tienen las humanas cuando él, antes de que...
La muchacha acelera los movimientos y Jean-Luc tiene que reunir toda su fuerza de voluntad para recuperar la conciencia. «Esto no es normal», se dice, «ella no es normal, ella tiene que ser Ella, debe ser…» pero no la imaginaba así, tan joven, tan dulce y perversa a la vez... Además, debería haberla presentido, dicen que los vampiros la perciben a Ella como si fuera un vampiro más, pero dicen también que su poder de fascinación es tan fuerte que en ocasiones…
La inminencia de un placer mayor altera cada fibra de Jean-Luc y, como le ocurre siempre que llega hasta ese punto, la bestia asoma y toma el control, de nada le valdrá con él su viejo truco, antes de que logre su propósito Jean-Luc habrá cumplido el suyo, de modo que abre la boca y se acerca al cuello blanco y delicioso, deja brotar los colmillos y se lanza hacia adelante al mismo tiempo que se lanza hacia dentro.
Pero no llega al cuello.
Las muñecas de la muchacha, que él sujetaba, se han soltado y es ella quien lo contiene sin esfuerzo, como ningún humano podría contener a un vampiro de la alcurnia de Jean- Luc. Y mientras aleja su cabeza, Morgana no deja de mirarlo a los ojos y mover las caderas, acercándolo a lo que él sabe ahora que debe evitar a toda costa. Intenta salir, pero es un juguete entre las manos de la muchacha, entre sus piernas que ahora le rodean los riñones. Es inútil luchar, en parte por la fuerza inaudita de la chica y en parte porque la fascinación ha vuelto, con más fuerza que nunca, y Jean Luc sigue luchando de cintura para arriba, pero de cintura para abajo colabora y se deja llevar hasta que estalla, hasta que todo estalla y él también estalla por dentro, sumido en el mayor placer que nunca pudo imaginar, el último placer en el que no le importa saber que muere, porque en todos sus siglos jamás sintió una felicidad mayor.
Y felizmente, Jean-Luc muere con la última sacudida de su cuerpo.
Muere con una sonrisa en la que los colmillos brillan, mientras Tina Turner canta:
What’s love got to do, got to do with it What’s love but a second hand emotion What’s love got to do, got to do with it
Who needs a heart when a heart can be broken
Luego se queda inmóvil, vacío.
Morgana se sacude en espasmos agónicos y ríe a carcajadas por la vida ajena que la inunda, la que garantiza su propia inmortalidad.
Sabe que luego llorará, pero ahora ríe y no lo hace por la victoria ante el torpe vampiro que esperaba una presa fácil. Ríe porque lleva quinientos años haciéndolo cuando la gran muerte de un hombre dentro de ella renueva su vida para siempre. Desde el remoto tiempo en que un vampiro ancestral y alquimista la convirtió para experimentar en ella una cura que derivó en mutación. Morgana es más poderosa que cualquier vampiro porque no se alimenta de sangre, sino de la energía sexual de los hombres a los que da al mismo tiempo la muerte y algo parecido a una ilusión de eternidad.
Apoya la cabeza de Jean-Luc sobre su hombro y le dice al cuerpo seco:
—¿Ves que no era una pequeña muerte?
Retira el cadáver ceniciento y observa durante un rato, como lo hace en cada uno de sus amantes, mortales o vampiros, la enorme sonrisa de júbilo que parece desmentir la muerte pero en realidad la certifica.
Vuelve a poner la canción desde el principio y selecciona en la cadena de música la opción de repetición. Luego va hacia la cocina y vuelve con una gran bolsa de plástico negro. Levanta con cuidado a Jean-Luc y lo mete dentro. Después presiona y siente como el cuerpo se deshace en polvo.
—Tengo que comprar más bolsas de estas, mi amor —comenta Morgana—. Con los humanos es una lata porque hay que desmembrarlos, pero vosotros, como me descuide, lo dejáis todo perdido de ceniza.
Antes de cerrar la bolsa, busca la ropa de Jean-Luc y la mete dentro. Se viste con rapidez. «Si se da prisa», piensa,
«podrá dejarla en el contenedor antes de que pase el camión de la basura».
Y mientras baja las escaleras con la bolsa, se dice también que tiene que hacerle un buen regalo a Nicholas, el único vampiro que jamás morirá entre sus piernas. En una semana ya le ha enviado a dos chupasangres y eso es bueno, porque el efecto le dura más que con los humanos. Y a los humanos no los odia. A los vampiros, salvo a Nicholas, sí. Son soberbios y estúpidos. Jean- Luc venía, como el otro, en busca de una humana que viviera sola y por la que nadie preguntaría al día siguiente. Vampiros pardillos, de los que de cuando en cuando Nicholas le envía para evitarle problemas e investigaciones sobre hombres desaparecidos o cuerpos desmembrados.
«Nadie pregunta por un vampiro muerto», se dice Morgana.
«Nadie salvo el resto de los vampiros».
Cuando está otra vez en casa, se sirve un generoso vaso de Ricard con agua y hielo y se tumba en el sofá. Tina Turner canta que:
I’ve been taking on a new direction But I have to say
I’ve been thinking about my own protection It scares me to feel this way.
—Tú sí que sabes, Tina —murmura Morgana. Y luego llora en silencio.
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Carlos Salem
Carlos Salem, Escritor, poeta y periodista argentino residente en España, es conocido tanto por su obra poética como por sus novelas de género negro y criminal, algunas de las cuales han conseguido importantes reconocimientos.
Salem trabajó como periodista en Argentina y en España ha sido responsable de medios como El Faro de Ceuta o El Telegrama, además de ser un colaborador habitual en otros medios de carácter nacional e internacional. Salem ha publicado varios poemarios y antologías de relatos, aunque es en el campo de la novela negra donde ha logrado despuntar.
Salem ha ganado premios como el Silverio Cañada, el Novelpol, el Ciudad de Seseña o el Valencia Negra, entre otros, gracias a novelas como Camino de ida, Matar y guardar la ropa, Pero sigo siendo el rey, Cracovia sin ti o Muerto el perro. Su obra también ha sido publicada en francés e inglés.
Obra:
Novela:
- 2007 - Camino de ida.Salto de página.
- 2008 - Matar y guardar la ropa.Salto de página.
- 2009 - Pero sigo siendo el rey.Salto de página.
- 2010 - Cracovia sin ti.
- 2011 - Un Jamón Calibre 45.RBA Libros. Barcelona
- 2013 - El huevo Izquierdo del talento. Madrid
- 2013 - El hijo del Tigre blanco.Edebé. Barcelona
- 2013 - La maldición del Tigre blanco. Edebé. Barcelona
- 2014 - Muerto el perro. Barcelona
- 2014 - Rayos X. Tropo. Barcelona
- 2014 - El dilema del Tigre blanco. Edebé. Barcelona
- 2014 - El tesoro del Tigre Blanco. Edebé. Barcelona
- 2015 - En el cielo no hay cerveza. Navona. Barcelona
- 2016 - Cuando mi sombra te alcance. Navona. Barcelona
- 2017 - Minerva Watson 1.El asombroso caso de las sombras equivocadas. Edebé. Barcelona
- 2017 - Minerva Watson 2. El Fantasma que no era. Edebé. Barcelona
- 2018 - Un violín con las venas cortadas. Navona. Barcelona
- 2018 - Minerva Watson 3. La máquina de perder el tiempo. Edebé. Barcelona
- 2018 - Minerva Watson 4. Los ladrones de montañas. Edebé. Barcelona
- 2018 - La isla de los niños encontrados. Mueve tu lengua. Madrid
- 2019 - Donde el tiempo ya no duele. Navona. Barcelona
- 2020 - Diario de un perfecto abandonado. Adarve. Madrid
- 2021 - Los que merecen morir. Alrevés. Barcelona
Relatos:
- 2008 - Yo también puedo escribir una jodida historia de amor. Escalera. Madrid
- 2009 - Yo lloré con Terminator 2 (Relatos de Cerveza-Ficción). Escalera. Madrid
- 2016 - Relatos negros, cerveza rubia. Navona. Barcelona
- 2016 - Mujeres con gato (Todas mis jodidas historias de amor). Mueve tu lengua. Madrid
Cómic:
- 2016 - Ja viens de m´echaper du ciel (en francés). Casterman
- 2018 - Que decidan las cerillas. Navona. Barcelona
- 2019 - Lo que la noche sabe. Navona. Barcelona
- 2022 - Madrid nos mata. Alrevés. Barcelona
Teatro:
- 2011 - El torturador arrepentido. Talentura. Madrid
Poesía:
- 2006 - Foto borrosa con mochila. Escalera. Madrid
- 2008 - Si dios me pide un bloody mary. Ya lo dijo Casimiro Parker. Madrid
- 2009 - Orgía de andar por casa.
- 2010 - Memorias circulares del hombre-peonza. Ya lo dijo Casimiro Parker. Madrid
- 2013 - El animal. Ya lo dijo Casimiro Parker. Madrid
- 2014 - #Follamantes. Mueve tu lengua. Madrid
- 2015 - El Amor es el crimen perfecto. Ya lo dijo Casimiro Parker. Madrid
- 2016 - Con un pájaro de menos (poemas de amor y rabia). SLU Espasa libros. Madrid
- 2016 - 24 incendios. 4 de agosto. Logroño
- 2018 - Solamente muero los domingos. Mueve tu lengua.
- 2019 - La rebelión de los Follamantes. Mueve tu lengua.
- 2021 - Una Sirena en la Montaña. Mariposa. León
- 2022 - Popesia. Muddy Waters Books
- 2022 - Poetas del crimen. Por la paz. Alrevés. Barcelona
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